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martes, 18 de agosto de 2015

Reseña: Contrebia Leucade, de Agustín Tejada

Siglo I a.C. Tras rebelarse contra Sila, y después de tener que buscar refugio en África, el general romano Quinto Sertorio avanza por la península ibérica sin encontrar oposición. Los lusitanos se han unido a sus huestes, y son pocos los que se atreven a enfrentársele, aunque se extiende el rumor de que Roma ha armado otro ejército al mando de Cneo Pompeyo para intentar acabar con él. Contrebia Leucade, la Ciudad Blanca, es la joya de Celtiberia. Asentada al borde de un acantilado, es prácticamente inexpugnable. Está gobernada por un Consejo controlado por Ambón, caudillo que años atrás ya se enfrentó en el campo de batalla a Sertorio, al que odia profundamente. Cuando Sertorio y su ejército aparecen a las puertas de Contrebia y piden un elevado tributo, Ambón ordena resistir cueste lo que cueste: no quiere verse involucrado en la guerra civil de los romanos y sabe que el tiempo juega a su favor. Sertorio asedia la ciudad. Pero la clave para la resistencia o la caída del último bastión celtíbero reside en un muchacho, Kalaitos, el hijo de Ambón, y en un esclavo llegado a Contrebia poco antes del asedio; un hombre que no es lo que aparenta ser y del que dependerá el futuro de Hispania.

Esta es otra de mis adquisiciones de la Feria del Libro, como supongo que se sabrá ya. En principio el autor trató de convencernos a mis amigas y a mí para que comprásemos su última novela, que tiene lugar en la Segunda República, pero a mí este me interesaba muchísimo más, así que lo compré.

Una vez que empieza el libro ya se sabe cuál será el final, pues comienza con Kalaitos ya crecido contándole la historia a un compañero, aparte de porque Contrebia Leucade existió de verdad y se puede visitar, así como aprender de su historia. Por tanto, al leer sobre el asedio no se puede evitar sentir cierta amargura, sabiendo que va a dar igual lo que celtíberos y romanos hagan, pues el futuro ya está escrito. 

La ambientación es sencillamente genial, parece que el lector vive entre las calles de la ciudad. Esto se acentúa estando el libro narrado en primera persona. Parece que el lector se convierte en Kalaitos, o al menos, en sus ojos y oídos, pues su cabeza es otro cantar. Se llega a sentir el horror del asedio, el temor a una muerte inminente, en ocasiones esperanza por la liberación, y hasta antipatía o simpatía por algunos personajes como si fueran personas reales. Solo la Saga del Asesino de Reyes consiguió ese efecto, al menos en mi persona.

Los personajes son numerosos y la mayor parte de ellos tienen nombres muy raros, (de la época y el lugar, claro) con lo que especialmente al principio es muy fácil liarse. Pero a pesar de esto los sabe manejar bastante bien, e incluso, a pesar del poco tiempo que abarca, relativamente hablando, muchos incluso llegan a cambiar un poco, algunos de forma más creíble que otra. El protagonista, por ejemplo, cada vez es más pícaro y guerrero, su padre, cada vez más loco y temerario. Lo mejor con estos dos personajes es que ni siquiera me di cuenta del momento en que cambiaron, sino que al final comparé sus personalidades con las que tenían al principio y eran bastante distintas.

He echado en falta la presencia de personajes femeninos, pues solo había dos mujeres relevantes, y ninguna de ellas aparecía demasiado o realizaba acciones realmente importantes. Una era el interés amoroso del protagonista y la otra su madre, ni siquiera conocía a más chicas de la ciudad, a excepción de una vieja cuentacuentos. No sé si sería así en esa sociedad, y también está claro que las mujeres no iban a luchar, pues todos sabemos que en la época no hacían tal; pero hay muchas cosas que podrían haber hecho en lugar de quedarse paradas esperando a que luchen por ellas. 

También había muchos momentos de confusión. En gran cantidad de ocasiones no sabía ya quién estaba muerto y quien no. Es más, en un momento se dice que todos los miembros de una determinada legión han perecido y después los mandan a luchar contra otros enemigos. No sé si no presté suficiente atención, pero me descolocó mucho.

En conclusión:
Lo mejor: La ambientación y el rigor histórico.
Lo peor: Llegado un punto ya no se sabía ni quién estaba muerto ni quién vivía.

Nota:

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