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sábado, 24 de octubre de 2015

Reseña: 1984, de George Orwell

Londres, 1984: Winston Smith decide rebelarse ante un gobierno totalitario que controla cada uno de los movimientos de sus ciudadanos y castiga incluso a aquellos que delinquen con el pensamiento. Consciente de las terribles consecuencias que puede acarrear la disidencia, Winston se une a la ambigua Hermandad por mediación del líder O’Brien. Paulatinamente, sin embargo, nuestro protagonista va comprendiendo que ni la Hermandad ni O'Brien son lo que aparentan, y que la rebelión, al cabo, quizá sea un objetivo inalcanzable. Por su magnífico análisis del poder y de las relaciones y dependencias que crea en los individuos, 1984 es una de las novelas más inquietantes y atractivas de este siglo.






Ya no sé cuánto tiempo llevaba teniendo pendiente este libro. Desde que leí Farenheit 451, de Ray Bradbury, hará unos dos años, ya me entraron ganas de leer la distopía de Orwell. Pero nunca encontraba tiempo, siempre había otros libros que me llamaban más la atención. Y al fin, este año decidí que no podía seguir así, me lo tenía que leer ya. Y eso he hecho.

La construcción de mundos es simplemente fantástica. En cada capítulo se descubre algo nuevo de este mundo tan parecido al nuestro, y la exposición no resulta en ningún momento aburrida. No es el tipo de escritor que dedica un capítulo o dos simplemente a presentar el mundo. Es más, se puede decir que todo el libro consiste en la construcción del mundo, pues está claro que esto es lo fundamental, dejando la historia en un segundo plano. Lo peor de todo es que no solo está bien construido, también es tan creíble que pueden llegar a dar escalofríos. Si su intención era hacernos reflexionar conmigo lo ha conseguido con creces.

La historia está contada en tercera persona, pero también podría estar contada en primera y no habría habido grandes cambios. Se narra desde el punto de vista del protagonista, con suficiente cercanía para comprenderle, pero suficiente distancia para no convertirnos en él. Esto le da aún más credibilidad al mundo, más aún que la primera persona, por eventos que suceden al final y que no voy a revelar.

Los personajes no son algo que destaque por sus múltiples facetas, aunque llaman la atención porque no todos son lo que aparentan ser. En un mundo que impone un solo modo de pensar a sus habitantes estos resultan verdaderamente interesantes. No tienen una gran historia ni un futuro impredecible, pero funcionan bastante bien, Hay también una gran variedad de personajes, muchos anónimos o de aparición en unas pocas páginas, pertenecientes a todos los estamentos sociales. Permiten ver cómo se ve la sociedad desde los distintos estamentos, aunque solo por pequeños vistazos, ya que el punto de vista que más importa es el de Winston, el protagonista.

La historia no es muy compleja, ya que solo hay un arco argumental y muy pocos personajes participan realmente en él. No es lo más importante, pero cumple su función. Una historia más compleja difícilmente habría funcionado con un mundo tan detallado.

El final ha sido lo que me ha dejado completamente boquiabierta. Ya desde el principio se puede predecir que es lo que va a pasar al final, pero yo desesperadamente esperaba que eso no ocurriera. Lo que no podía imaginar era cómo se terminaría desarrollando, y fue algo que me sorprendió. Al terminar de leer ya no sabía si quería poner el libro en un altar o tirarlo a la hoguera. He decidido optar por lo primero, pues ¿qué es arte si no lo que produce sentimientos en aquel que lo disfruta?

Conclusión:

Lo mejor: Lo bien hecho que está el mundo.
Lo peor: Está tan bien hecho que da miedo.

Nota:

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