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sábado, 26 de diciembre de 2015

Reseña: Los Pilares de la Tierra, de Ken Follet

El gran maestro de la narrativa de acción y suspense Ken Follett nos transporta a la Edad Media, a un mundo fascinante de reyes, damas, caballeros, pugnas feudales, castillos y ciudades amuralladas. El amor y la muerte se entrecruzan vibrantemente en este magistral tapiz cuyo centro es la construcción de una catedral gótica. La historia se inicia con el ahorcamiento público de un inocente y finaliza con la humillación de un rey.

1. Los Pilares de la Tierra
2. Un mundo sin fin











Me duele mucho hacer esta reseña. En serio. Por un motivo muy sencillo: me lo recomendó una amiga muy apreciada, y lo empecé con las expectativas por la estratosfera. Desgraciadamente, no ha sido tan bueno como creía ni de lejos. Al ser tanta la expectativa, la caída fue descomunal.

No todo ha sido malo, por supuesto. Las descripciones de las catedrales y los edificios me han gustado. Muchos de los conceptos que explica ya los conocía (he estado visitando catedrales desde que tengo uso de razón), pero me ha gustado cómo los ha ido hilando. La ambientación medieval tampoco ha estado mal, aunque a veces era demasiado pesado en algunos aspectos (sí, ya hemos pillado que comían con cuchillo y no con tenedor) y creo haber detectado fallos bastante gordos en otros (protagonistas pasando calor en Castilla en Navidad. Ni siquiera la llaman Castilla, la denominan España cuando aún ese nombre ni siquiera pensaban utilizarlo, ya que "España" estaba dividida en varios reinos que no estaban demasiado unidos entre sí).

La historia en sí me ha gustado bastante poco. Comenzó muy interesante, a pesar de que nunca fue original, y según iban avanzando las páginas se iba haciendo cada vez más repetitiva. Prácticamente todos los capítulos siguen la misma historia, convirtiendo la historia del libro en algo anodino y repetitivo. Cada vez me costaba más seguir avanzando, y a duras penas conseguí terminarlo. El último cuarto, más o menos, ya parece casi una coda larguísima para una sinfonía demasiado pesada. Sigue habiendo dificultades y tal, pero ya está claro quién va a salir bien parado y quién no. Dentro de eso, las últimas cincuenta páginas se me atragantaron. Siguen una historia que a todas luces está ya terminada, y solo sirven para recordar un misterio que apareció al principio y resolverlo de forma decepcionante y esperada.

Los personajes han sido lo que menos me ha gustado de todo, y han sido el motivo por el que la valoración del libro es tan negativa. Estaban definidos por una sola característica, a lo sumo dos, y las mantenían sin cambios desde el principio hasta el final, a lo largo de esas casi mil páginas. No son tantos, realmente, los protagonistas con nombre son bastante pocos, así que no hay excusa para que no evolucionen a lo largo de la narración ni estén definidos. Además, dentro del libro pasan años, los niños se hacen adultos y los adultos, viejos. Y no cambian prácticamente nada su personalidad ni sus relaciones. 
También están divididos entre buenos y malos. Los malos son personajes terribles, que hacen lo peor y merecen lo peor. Dedican páginas enteras a describir sus maldades, y el autor les va castigando con pequeñas cosas (prácticamente todos son feos, por ejemplo). Por supuesto, hay que odiarlos. Y los buenos son todo lo contrario. Son perfectos, son compasivos, siempre ganan aunque los malos les hagan sufrir... El caso que más destaco es Aliena, una dama de la nobleza venida abajo que reúne todas las características ideales: guapa, inteligente, lee, sabe valerse por sí misma... Una Mary Sue en toda regla. 
El libro está inundado de sexo y violencia gratuitos. En serio, casi más que en Juego de Tronos. En la mayoría de los casos sirve para ver hasta qué punto son malos los malos, que se dedican a violar doncellas indefensas y a matar súbditos porque sí; o para premiar a los buenos con sexo placentero e ideal. Porque sí.

Yo lo siento, pero no he cogido un libro de novecientas páginas para leer una historia de buenos y malos.

En resumen
Lo mejor: Las descripciones arquitectónicas, a pesar de que no me han enseñado nada nuevo.
Lo peor: Personajes tan planos que parecen hechos de plastilina.

Nota:

sábado, 19 de diciembre de 2015

Reflexión: ¿E-book o libro físico?

Se supone que a todo lector que se precie le debe gustar almacenar libros en su casa. Preferiblemente libros gordos y ediciones especiales que son demasiado caras y difíciles de conseguir pero que en la estantería quedan perfectas. El ávido lector comprará ediciones de bolsillo baratas si no se puede permitir esas ediciones especiales, pero las deseará con todas sus ganas y no parará hasta conseguirlas. Por supuesto, ese lector no tendrá un libro electrónico, porque leer de una pantalla "le quita toda la gracia a leer", y si lo tiene, renegará de él por el mismo motivo, y siempre dirá que prefiere los libros en papel, aunque no le pregunten. A eso se le llama "tener criterio propio" y "no depender de la tecnología".

A mí no me parece que ese desprecio a los libros electrónicos esté realmente justificado. Se supone que nosotros, los lectores, más que nadie en este mundo deberíamos saber apreciar más el contenido que el continente. Al menos, en mi caso, si la historia es buena me da igual leerla en un libro forrado en cuero y con dibujos de pan de oro que en el mantel de un restaurante.

¿Pero cuáles son, exactamente, las diferencias entre unos y otros?

El libro en papel es el formato "clásico". Los hay de muchas formas y tamaños, más gordos, más finos, con letra más grande o más pequeña, con tapa dura o blanda... Incluso de un mismo libro puede haber mil y una ediciones, especialmente si es un clásico o un best-seller. Hay mil precios donde elegir, casi se puede decir que se adaptan a todos los bolsillos. Y si aún los libros nuevos son demasiado caros, siempre se pueden comprar de segunda mano, pudiendo llegar a costar entre uno y cinco euros. Se supone que la textura del papel es la más "real" a la hora de leer, y el olor ideal es el de las páginas y la tinta. He llegado a oír hablar de gente que antes de leer la primera palabra aspira el olor del libro, palpa las páginas, la portada... Eso me deja un poco a cuadros. Yo me pongo inmediatamente a leer, pero para gustos los colores.
También, y esto es algo muy importante, los libros en papel ocupan espacio. Parece una tontería, pero nadie tomará a un lector en serio si los libros no invaden cada rincón de su casa. La imagen es importante para mucha gente, y no es lo mismo tener trescientos libros almacenados en un e-book que en una estantería.

El libro en formato e-book, en cambio, es considerado como un mal necesario. No todo el mundo tiene dinero suficiente como para comprarse todos los libros, así que se los descarga en e-book (pagando o no, una historia de la que hablaremos en otro momento). Las ventajas que ofrecen los e-books son evidentes: los libros ya no ocupan espacio, no pesan y, en general, son más baratos. Yo, que leo en todas partes, encuentro este invento bastante útil. Un libro gordo pesa lo mismo que uno fino, y eso para transportarlos es genial. También se puede cambiar el tamaño de la letra, para la gente a la que le cuesta leer la letra pequeña de las ediciones de bolsillo.
Hay editoriales, como Alberto Santos, que ofrecen los libros electrónicos a un precio muy barato, en torno a cinco euros, frente a los veinte que cuesta la edición en papel. Otras no tienen alma y los venden a precio de libro normal, cosa que yo considero como una estafa. También se pueden descargar libros con los derechos de autor caducados, a través del Proyecto Gutenberg, y mejor no hablemos de la piratería que casi todos practican. El dispositivo no es tan caro, mi Kindle Paperwhite costó cien euros, y  se amortiza rápidamente si uno lee mucho, como es mi caso.
Además se pueden integrar diccionarios que vienen muy bien cuando se lee en otros idiomas. Para buscar una palabra basta con pulsar sobre ella y aparece la definición o la traducción. Está muy bien para leer fuera de casa, porque no es necesario correr a buscar el diccionario físico cuando no se entiende algo.

En conclusión, se ve que ambos formatos son igualmente aceptables. Ambos tienen ventajas e inconvenientes, es tarea del lector sopesarlas y decidir qué prefiere. En cuanto a mi opinión, como ya he dicho, me da igual en qué formato lea una historia, lo importante es que sea buena y esté bien escrita.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Mi experiencia con el NaNoWriMo

Ya es diciembre, así que el NaNoWriMo ha terminado oficialmente. Algunos habrán llegado a las 50.000 palabras a mediados de mes, otros justo el último día y otros no llegarán ya. Yo las alcancé el día 26, bastante antes de lo previsto, y terminé mi novela el día 27, con un total de 83.000 palabras. (Hay que tener en cuenta que empecé el NaNoWriMo con 30.000 escritas, por lo que hice un poco de trampa).

La verdad es que recomendaría esta experiencia a cualquiera que quisiera ser escritor. No es tan difícil como parece, 1.667 palabras al día al final no resulta ser tanto, y si yo conseguí encontrar tiempo para escribir casi todos los días, puede hacerlo cualquiera, lo garantizo. Normalmente escribía entre una hora y media y dos horas diarias, aunque algunos días he escrito cuatro horas o más, en función del tiempo y la inspiración que tuviera. Lo bueno es que tras participar he descubierto que escribir no es tan difícil, y que mantener el hábito todos los días no es tan duro ni tan complicado. Lo que sí aconsejaría sería tener la historia muy clara: de donde se parte, a dónde se quiere llegar y más o menos el procedimiento que se va a seguir. Yo necesito tener la historia muy clara, aunque no hago esquemas en cuadernos, me basta con un esquema mental. A lo mejor hay gente que puede ir al NaNoWriMo con una idea vaga y ver más o menos como se desarrolla, pero eso para mí es imposible. Ha habido muchos pasajes que no he tenido claros y he escrito por escribir. He escrito tonterías y cosas que me harán llorar sangre cuando las relea, pero al menos están escritas, y si está escrito se puede corregir. Esta es la filosofía del NaNoWriMo, al fin y al cabo: escribir en un mes todo lo posible y luego tener todo el año para revisar y corregir.

En cuanto a la experiencia de escribir, ha sido algo completamente nuevo. No es la primera novela que escribo, ya escribí una hace tres años, y cuando tenía diez ya empecé a escribir cosillas que nunca terminaba. Pero es cierto que me he volcado muchísimo en esta historia. Llevaba en mi cabeza mucho tiempo, casi cinco años, y llegué a conocer a los personajes muy bien, casi se podría decir que son como una parte de mí. Ha sido toda una experiencia. Llegar al final de una historia que empezó hace tanto tiempo es muy reconfortante, aunque me ha dejado esa especie de vacío que se siente al leer un libro bueno. Como describía Michael Ende en aquel famoso párrafo de La historia interminable:

Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado... 
Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito... 
Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido... 
Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces.

Todo eso, y más, hice yo al escribir.

De todas formas tendré aún que revisarlo y cambiar cosas, así que puede que la historia siga conmigo un año más. 
Me gustaría ver mi libro publicado, pero sinceramente no creo que tenga la calidad necesaria para eso. A mí me ha encantado, pero no sé si el resto del mundo pensará igual, y en un mundo donde las editoriales buscan vender y vender dudo que algo tan personal tenga mucha cabida. ¡Pero por intentarlo que no quede!  Por el momento me contentaré con enseñárselo a mis amigos y familiares, y más adelante ya veremos.