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sábado, 5 de diciembre de 2015

Mi experiencia con el NaNoWriMo

Ya es diciembre, así que el NaNoWriMo ha terminado oficialmente. Algunos habrán llegado a las 50.000 palabras a mediados de mes, otros justo el último día y otros no llegarán ya. Yo las alcancé el día 26, bastante antes de lo previsto, y terminé mi novela el día 27, con un total de 83.000 palabras. (Hay que tener en cuenta que empecé el NaNoWriMo con 30.000 escritas, por lo que hice un poco de trampa).

La verdad es que recomendaría esta experiencia a cualquiera que quisiera ser escritor. No es tan difícil como parece, 1.667 palabras al día al final no resulta ser tanto, y si yo conseguí encontrar tiempo para escribir casi todos los días, puede hacerlo cualquiera, lo garantizo. Normalmente escribía entre una hora y media y dos horas diarias, aunque algunos días he escrito cuatro horas o más, en función del tiempo y la inspiración que tuviera. Lo bueno es que tras participar he descubierto que escribir no es tan difícil, y que mantener el hábito todos los días no es tan duro ni tan complicado. Lo que sí aconsejaría sería tener la historia muy clara: de donde se parte, a dónde se quiere llegar y más o menos el procedimiento que se va a seguir. Yo necesito tener la historia muy clara, aunque no hago esquemas en cuadernos, me basta con un esquema mental. A lo mejor hay gente que puede ir al NaNoWriMo con una idea vaga y ver más o menos como se desarrolla, pero eso para mí es imposible. Ha habido muchos pasajes que no he tenido claros y he escrito por escribir. He escrito tonterías y cosas que me harán llorar sangre cuando las relea, pero al menos están escritas, y si está escrito se puede corregir. Esta es la filosofía del NaNoWriMo, al fin y al cabo: escribir en un mes todo lo posible y luego tener todo el año para revisar y corregir.

En cuanto a la experiencia de escribir, ha sido algo completamente nuevo. No es la primera novela que escribo, ya escribí una hace tres años, y cuando tenía diez ya empecé a escribir cosillas que nunca terminaba. Pero es cierto que me he volcado muchísimo en esta historia. Llevaba en mi cabeza mucho tiempo, casi cinco años, y llegué a conocer a los personajes muy bien, casi se podría decir que son como una parte de mí. Ha sido toda una experiencia. Llegar al final de una historia que empezó hace tanto tiempo es muy reconfortante, aunque me ha dejado esa especie de vacío que se siente al leer un libro bueno. Como describía Michael Ende en aquel famoso párrafo de La historia interminable:

Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado... 
Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito... 
Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido... 
Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces.

Todo eso, y más, hice yo al escribir.

De todas formas tendré aún que revisarlo y cambiar cosas, así que puede que la historia siga conmigo un año más. 
Me gustaría ver mi libro publicado, pero sinceramente no creo que tenga la calidad necesaria para eso. A mí me ha encantado, pero no sé si el resto del mundo pensará igual, y en un mundo donde las editoriales buscan vender y vender dudo que algo tan personal tenga mucha cabida. ¡Pero por intentarlo que no quede!  Por el momento me contentaré con enseñárselo a mis amigos y familiares, y más adelante ya veremos.

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