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sábado, 23 de enero de 2016

Reseña: Los Miserables, de Victor Hugo

«Novela, por supuesto, pero también es Historia; historia de los acontecimientos que cambian la faz del mundo, historia social, historia de las mentalidades. Sin olvidar, la dimensión poética, el aliento épico que insufla a la mayoría de sus capítulos. Con ello, el héroe, Jean Valjean, se convierte en una especie de profetamaldito, Cristo redivivo y recrucificado en beneficio de la humanidad, cuyo destino resume.» De la introducción de Alain Verjat













Yo creo que este es mi clásico favorito. Esta es la segunda vez que lo leo y lo he disfrutado incluso más que la primera. Es un libro muy gordo y muy, muy intenso. Y me encanta. 

Tiene un número enorme de personajes con nombre, pero enorme. La mayoría aparecen bastante poco, es verdad, pero aún así los describe exhaustivamente. Los retratos que hace de los personajes son magníficos, y se podría decir que son el eje central de la novela. Dedica al menos un párrafo largo en describir la psicología de cada personaje, y a veces, dedica dos para describir también el físico. Deja, pues, mucho del físico abierto a la imaginación. La verdad que esta manera de describirlos funciona excepcionalmente bien. Consigue que el lector se preocupe por ellos, que empatice mejor. En algún momento leí que cuando alguien lee sobre personajes ficticios no se enamora de su físico, sino de su alma. Aquí nos encontramos algo así. Los personajes no son solo sombras, son personas. Son sus sueños, sus miedos, sus ambiciones y sus amores. Me han enamorado todos y cada uno. Incluso Javert. Incluso los Thénarnier.

La prosa es fantástica. El estilo es sencillo, aunque las frases son bastante largas. De hecho dicen que en Los Miserables está la frase más larga escrita hasta el momento de su publicación, con nada más y nada menos que 800 palabras, palabra arriba, palabra abajo. Yo prestaré poca atención, porque no la he encontrado. 
La forma en la que está escrito es capaz de convencer al lector de cualquier cosa. De conmoverle, de cautivarle. Muchos pasajes me han arrancado trocitos del corazón solo por la forma en la que estaban escritos. Y eso es algo que no mucha gente puede hacer.

La historia es sencilla y fácil de seguir. Es una historia que según va avanzando el libro se va haciendo más compleja, se van presentando personajes, lugares y situaciones nuevas, y se van desarrollando. En un principio puede no parecer tan interesante o tan cercana, pero a partir de la mitad comienza a cobrar un interés cada vez mayor que ya no se pierde hasta el final. Y entonces, todo lo del principio cobra sentido.

Y el final... Qué final. No voy a revelar nada, aunque probablemente ya a estas alturas todo el mundo lo conozca. Es de esos finales que dejan al lector desolado, vacío, deseando que el libro no hubiera terminado. Es un final que me hizo derramar lágrimas amargas, y eso no lo hacen todos los libros. De hecho, hasta ahora, este ha sido el único que lo ha conseguido.

Como punto negativo, si hay que poner alguno, diré que los pasajes de descripción y ensayo se pueden hacer un poco pesados, en parte porque el tiempo no ha tratado esta novela tan bien como a otras. Hay pasajes en los que revela una mentalidad algo anticuada, y otros que son algo más que un poco sexistas. También es una novela muy religiosa, aunque no sé si a estas alturas eso puede tirar para atrás a alguien. Solo digo que si por esto alguien deja pasar una joya como esta, anticuada pero aún con brillo, no sabe ni sabrá jamás lo que se pierde.

Y ya, para terminar: Si para ver la película hace falta tener un buen paquete de pañuelos a mano, para el libro harán falta mínimo tres.

Conclusión:
Lo mejor: La caracterización de los personajes es brillante.
Lo peor: El tiempo no lo ha tratado demasiado bien.

Nota:

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