expr:class='"loading" + data:blog.mobileClass'>

sábado, 5 de marzo de 2016

Reseña: Oliver Twist, de Charles Dickens

Oliver Twist malvive en un hospicio donde la escasa comida y los castigos corporales son norma. Empujado por el ambiente, ingresa en una banda de ladronzuelos dirigida por el avaro Fagin. Los bajos fondos de Londres son el escenario de este genial clásico universal creado por Charles Dickens. Directores como David Lean o Roman Polanski realizaron excelentes versiones cinematográficas. Una difícil y amarga infancia, marcada por la pobreza y la prisión de su padre, y aliviada sólo por la lectura, señaló para siempre la vida de Charles Dickens, quien encontró en ella inspiración literaria. Sus novelas aúnan realismo, humor y un amplio conocimiento de los marginados, cuya situación denunció continuamente.








Este era un libro que llevaba bastante tiempo en mi lista de pendientes, pero nunca había tenido realmente ganas de sacarlo de ahí. Siempre parecía que había libros mejores delante y lo iba dejando, hasta que un buen día me dio un pronto y decidí leerlo sin ningún motivo en concreto. 

La ambientación es sin duda lo que más destaca. Dickens ha sabido describir el ambiente de los bajos fondos y hacerlo casi vivo. Primero, y más importante, por las descripciones, que no son muchas ni muy minuciosas, pero dan un aspecto general con el que es fácil hacer trabajar a la imaginación para que rellene los huecos que quedan. 
Pero el ambiente no se recrea solo gracias a las descripciones. Por increíble que parezca, otro elemento que ha contribuido han sido los personajes, o más bien, sus actitudes. Cómo piensan, cómo valoran su vida y la de los demás... Porque los bajos fondos no son solamente lugares físicos, sino que están dentro de cada personaje, y se los lleva consigo allá donde va. 
Además, ha sabido reflejar muy bien su manera de hablar, su argot. Leí algunos fragmentos de diálogo en voz alta y realmente sonaban desagradables, incluso cuando hablaban de temas relativamente normales. 

La historia no está mal, aunque no es particularmente brillante. Al principio, hasta el segundo tercio, parece que no va a ninguna parte, y uno va pasando páginas y parece que, en el fondo, no pasa nada, y no parece que vaya a pasar. Es al comienzo del último tercio cuando todo empieza a cobrar sentido, aunque no llega a conducir a un final apoteósico. A veces es algo predecible, pero se deja disfrutar. 
Llega un punto en el que ya no se centra tanto en Oliver como en todos los personajes que se mueven a su alrededor, y eso me ha gustado. Que sea el protagonista de la novela no tiene por qué significar que tenga que aparecer en todos los capítulos del libro.

El estilo en general es bastante seco. No se pierde en vanos juegos retóricos, y le viene a la historia y al ambiente como anillo al dedo. A veces es demasiado seco, y chirría. No obstante, hay pasajes en los que la voz es tan poética que se acerca el verso. Son pocos, eso sí, y se suelen dar en unos pocoa momentos cruciales. 

Lo que nos lleva a hablar de los personajes. Y es aquí donde está el mayor fallo. Los personajes son, o bien tan buenos que son casi santos, o pérfidos y malvados sin ningún tipo de piedad. Y no evolucionan absolutamente nada a lo largo de todo el libro. Me resulta especialmente llamativo el caso de Oliver, quien, a pesar de todo lo que le ocurre, nunca deja de ser bueno, cándido y adorable. Y eso era muy, muy poco creíble. También los personajes burgueses eran excepcionalmente buenos, excepto dos excepciones, y le hace a uno preguntarse si en el Londres del siglo XIX los ricos iban acogiendo alegremente a niños pobres en sus casas. Los malos malísimos, por supuesto, son pobres y jefes de las bandas criminales, y tenemos que asumir que son así como podrían haber sido de cualquier otra manera, pues no hay absolutamente nada que justifique sus actos. Hay una brillante excepción: el personaje de Nancy, el único realmente complejo, con motivos reales, miedos genuinos y, en fin, personalidad.

También es cierto que la historia se sirve demasiado a menudo de la casualidad. Ocurren demasiadas cosas simplemente por azar, y eso al final queda un poco esperpéntico.
Tiene un final bastante predecible y poco original, en el que triunfa el amor y la bondad, que queda mal en una novela realista. Sin embargo, he de decir que la hipocresía de algunas clases sociales está muy bien representada, y el castigo de Mr. Bumble me ha resultado de lo más irónico y acertado.

Conclusión: Me ha dejado con una sensación un poco agridulce
Lo mejor: La ambientación es muy buena y la crítica social funciona muy bien.
Lo peor: Los personajes vuelven a estar hechos de cartón-piedra

Nota:

No hay comentarios:

Publicar un comentario