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sábado, 2 de abril de 2016

Reseña: Orgullo y prejuicio, de Jane Austen

Orgullo y prejuicio es una novela de amor o, mejor, una novela de enamorados. Bingley y Jane, Darcy y Elisabeth, Lydia y Wickham luchan para obtener el objeto de su pasión, deben jugar el juego que la sociedad en que viven les propone y deben ganarlo. Sin saltarse las reglas, pero con un tesón capaz de vencer cualquier barrera, llegarán a toda costa a ese matrimonio que para ellos habrá de marcar el inicio de la felicidad soñada.










Esta es otra de las lecturas que llevaban siglos en la lista de pendientes sin intención de cambiar su situación. Sin embargo, tras el intento fallido de conseguir Elantris, de Brandon Sanderson (llegará, llegará, paciencia), decidí leer este, para acabar por fin con esa espinita molesta. 

Decir que es solo una historia acerca del amor de Mr.Darcy y Elisabeth es reducir mucho su argumento y su alcance. Y de hecho, la historia, tan compleja aunque no lo parezca a simple vista, es uno de sus puntos fuertes. Puede parecer que no ocurre nada aparte de bailes, comidas, cenas y recepciones, pero según avanza la trama el lector puede empezar a ver cómo eso que parecía tan simple no lo es tanto. La autora consigue crear, sin que uno se dé cuenta, un complejo entramado de relaciones, tanto como uno del mundo real. 

Hay una fuerte crítica social, sutil pero claramente apreciable. Muchos de los aspectos que critica siguen siendo actuales, y nos hace ver que realmente la sociedad, particularmente en el sentido del trato de la mujer, tampoco ha cambiado tanto desde entonces como nos gustaría creer. La burla de los matrimonios por conveniencia y sin amor es todavía más mordaz, y aparece por todas partes, ya que el tema central es, precisamente, el matrimonio de las distintas hijas de los Bennet. La forma de escribirlo es muy inteligente, será de los pocos libros en los que la crítica social o ideológica queda perfectamente integrada en el conjunto de la novela. 

Los personajes son soberbios, aunque yo al principio no me daba cuenta. Evolucionan de una manera muy sutil, y creíble, teniendo en cuenta que no pasa tanto tiempo ni sucesos tan extraordinarios como para que cambien demasiado. Algo incluso más importante es que no solo evolucionan los personajes, también lo hacen, e incluso en mayor medida, la opinión que tienen otros sobre ellos. En una sociedad tan centrada en las apariencias como fue la georgiana (que no victoriana, como todo el mundo dice) lo que realmente importaba de una persona era la apariencia externa que daba, y las opiniones que las demás personas tenían sobre ella. Eso es algo que ha quedado muy bien reflejado.

Cada personaje tiene una personalidad muy bien definida, y, a no ser que haya equivocaciones con los nombres, cosa que pasa a menudo (se pueden referir a Elisabeth como Eliza, Lizzy o Miss Bennet, así que hay que andar con mil ojos) se distinguen perfectamente unos de otros. 
En general me han gustado todos, y si no, al menos me han provocado algún tipo de sentimiento, y eso es algo raro. Hay algunos que me han gustado algo menos, pero a cambio hay otros que me han encantado, como Mrs. Bennet, Jane o el propio Darcy. Sin embargo, no ha sido este último mi personaje favorito, como se podría esperar.

El que más me ha gustado, sin duda, ha sido Elisabeth, quien merece una mención especial. Es creíble, humana y tiene unas agallas que ya quisiera yo ver en las guerreras "fuertes e independientes" que se llevan en estos tiempos. Es una mujer que sabe lo que quiere y no se contentará con nada menos. Es muy inteligente, y a veces suelta unas contestaciones que son oro puro. Es el personaje que refleja la visión de la autora, supongo, y lo hace de un modo acorde al libro y a la época, de manera sutil pero efectiva, y no a grito pelado, como parece que tiene que ser. Me ha parecido muy real y, por qué no, me ha recordado un poco a mí misma. Todas las que se han leído este libro dicen haberse enamorado de Mr. Darcy. Pues bien, yo me he enamorado perdidamente de Elisabeth Bennet. Eso, señores, es un buen personaje femenino.

El estilo llama la atención. Es un estilo muy recargado, de oraciones larguísimas y plagadas de subordinadas. Cuesta un poco introducirse en la historia al comenzar, especialmente si, como yo, emprendéis la gesta de leerlo en inglés, pero después se convierte en un rasgo más que acerca al lector al mundo de apariencias y lujo de la clase alta de finales del siglo XVIII. También es llamativa la casi completa ausencia de descripciones en toda la novela. Me costó horrores formar una imagen de los personajes y escenarios. Al final, ni siquiera sabía si Elisabeth era rubia o morena. 
También es una novela escrita básicamente a partir de diálogos. Los personajes hablan con las mismas frases largas, retruécanos y rodeos que el narrador, y a veces resulta poco creíble, pues parece que se los han aprendido de memoria como un guión de teatro. Muchas veces sueltan información encubierta, y otras veces hay que leer varias veces lo que dicen para interpretarlo correctamente. Esto no les hace perder la voz, sin embargo, y es algo sorprendente. Sin embargo, tanto diálogo acaba cansando, y se echa de menos algo de narración y descripción.


Conclusión: Sencillo en apariencia, pero profundo en realidad. Absolutamente recomendable.
Lo mejor: La sutil crítica y la vigencia que mantiene doscientos años después.
Lo peor: Tiene tanto diálogo y tan poca descripción que parece una obra de teatro.




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