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sábado, 14 de mayo de 2016

Reseña: Ben Hur, de Lew Wallace

La trama básica se desarrolla en torno a la vida de Judá Ben-Hur, un coetáneo y compatriota del Nazareno. Pese a su amistad con el romano Messala, el antagonismo entre estos personajes y un desafortunado accidente llevan a la acaudalada familia de los Hur a la desgracia. El rico judío fue hecho galeote en tanto que la situación de su madre y hermana queda ignorada. El destino hace que, tras una batalla contra los piratas, Ben-Hur se convierta en el hijo adoptivo del noble romano Quinto Arrio. Sin embargo, un objetivo secreto lo devuelve a Oriente, a Antioquía, donde se cruzarán de nuevo los caminos. Con la ayuda del viejo Simónides y el jeque árabe Ilderim, se enfrenta a Messala y consigue su venganza en una carrera de cuádrigas. Después se dirigen a Jerusalén, donde se esperaba la aparición del Mesías.





Puede ser que mi problema con este libro haya sido que esperaba otra cosa. Puede ser que sea culpa mía, por no leerme ni siquiera el subtítulo y basarme solamente en la historia de la película. Supongo que si me hubiera informado algo más no habría tenido esta terrible decepción, y mi único consuelo es que lo he leído, al menos,  para tener una opinión propia y bien fundada. 

Pero vayamos por partes, será mejor. 

En general es demasiado lento, pero no denso, que es lo peor. No me parecen mal los libros densos, y a veces vienen bien y todo, pero este... Pasan cientos y cientos de páginas en las que no ocurre absolutamente nada digno de mención. Ni siquiera se introduce en la mente y los sentimientos de los personajes o hace grandes elucubraciones filosóficas. Simplemente pasan páginas y páginas de nada. Y cuando pasa algo enseguida se termina y volvemos a grandes páramos sin ningún tipo de acción. No tenía ganas de leer, no congeniaba con los personajes. Me planteé incluso dejarlo, pero tengo un orgullo demasiado grande para eso.

Los personajes son el gran talón de Aquiles de este libro, sin duda ninguna. Ben Hur es completamente perfecto. No comete fallos a lo largo del libro, y sirve para ilustrar cómo debe ser un hombre según la moral judeocristiana. Es noble, vengativo solo cuando es justo, religioso, piadoso... No tiene ningún tipo de defecto excepto ser asquerosamente bueno en todo. En el otro extremo tenemos a Messala, un antiguo amigo del prota que, por avatares del destino (y una conversación  estúpida que no tiene ni pies ni cabeza) se convierte en su enemigo acérrimo. Este es todo lo que un hombre no debe ser. Es malo porque sí, frívolo y no siente nada parecido al amor ni a la compasión. Estos personajes solo sirven para convencer de ideales religiosos, no son humanos. Hay veces que los personajes blancos o negros pueden llegar a funcionar, hay veces en las que están bien llevados. Esta no es una de ellas.
Los secundarios están. No se puede decir otra cosa. Revolotean alrededor de Ben Hur y a veces parece que tienen algo que remotamente se puede asociar con personalidad. Pero no son personajes, son ideales personificados, nunca llegan realmente a ser humanos. Si el protagonista ya es soso, estos tienen la profundidad de un charco.

Mención aparte merecen los personajes femeninos. Existen varios test para saber si los personajes femeninos de una historia son buenos (y están aquí muy bien reflejados por el Cuervo Fúnebre), y este libro no pasa ni uno, ni uno solo. Todas las mujeres, sin excepción, son adornos. Están para hacer bulto. No tienen personalidad más allá de buenas y humildes. Aquí tenemos, también, los dos extremos: Esther, el ideal y perfecto interés amoroso de Ben Hur e, Iras, la egipcia, la femme fatale que termina mal sirviendo como ejemplo de lo que una mujer no debe hacer. Esta última es la única que parece tener algo de personalidad y objetivos propios, pero pronto se descubre que no son los suyos, sino, otra vez, los de un hombre. 
Hay escenas en las que solo hay personajes femeninos, y hay veces que hablan entre ellos. Desgraciadamente, solo tienen tres temas básicos: Ben Hur, el Nazareno y Dios. Parece que las mujeres de esta historia no son nada sin un hombre que las cuide y guíe. Y esto me ha enervado hasta niveles insospechados. Casi habría sido mejor acabar con todas ellas.

La religión está presente en todas las partes de esta obra. En todo, absolutamente en todo. No hay página en la que no se mencione a Dios o a su Hijo. El tema religioso no me suele molestar (¿qué hay más religioso que Los Miserables?), pero esta novela llega a unos niveles cercanos a lo inaguantable. Todo parece un enorme sermón sobre lo que debemos y no debemos hacer. Mencionan a Dios sin venir a cuento, y termina por cansar, y mucho:

The two women are grouped close by the aperture; one is seated, the other is half reclining against her; there is nothing between them and the bare rock. The light, slanting upwards, strikes them with ghastly effect, and we cannot avoid seeing they are without vesture or covering. At the same time we are helped to the knowledge that love is there yet, for the two are in each other's arms. Riches take wings, comforts vanish, hope withers away, but love stays with us. Love is God.

¿A qué viene esa última frase? ¿Por qué tanta moralina en todas partes? 

El estilo es muy distante. No tiene emoción ninguna, ni siquiera al hablar de los sentimientos de los personajes. Los diálogos parecen fríos, las exclamaciones son artificiales. Me lo leí en inglés y merece especial atención el uso de "thy", "thou" o "thee". Son pronombres anticuados, de esos que usaba Shakespeare. Ya Jane Austen no los utilizaba, y Orgullo y Prejuicio es setenta años más viejo que Ben Hur. Este lenguaje me ha resultado muy falso, es como si leyéramos romanos hablándose de "vos". Puestos a imitar el estilo antiguo, que hablen en hebreo y latín, ¿no? Con esto todo atisbo de emoción se pierde, como si estuviéramos leyendo la historia a través de un velo. 

Yo buscaba una historia de venganza épica, al estilo de El Conde de Montecristo, pero se ve que no he tenido suerte. Las escenas de venganza brillan por su ausencia a partir de la mitad, exceptuando al carrera de cuádrigas, épica donde las haya. 
Puede que a otra gente le guste, pero no ha sido mi caso, ni de lejos. Si queréis venganzas y emoción, El Conde de Montecristo y arreglados.

Resumen: Para recibir un sermón voy a misa, gracias.
Lo mejor: La carrera de cuádrigas es una escena muy épica y muy bien hecha
Lo peor: Los personajes son horribles, en especial los femeninos

Nota:



2 comentarios:

  1. Hay que tener en cuenta que el libro es de 1880, según he podido encontrar. Es bastante improbable que en una historia así y en esa época haya mujeres reseñables en un libro (a no ser que lo hubiera escrito una mujer), aún más si la historia se ambienta en el periodo de la vida de Cristo. Tampoco me extraña nada tanta referencia religiosa. No he visto la película, pero es posible que por lo que cuentas en este caso sea mejor que el libro (?). Esperemos que tu próxima lectura sea más afortunada. ¡Un beso!

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    1. Pero hay muchos libros anteriores escritos por hombres en los que tienen más protagonismo. Sin ir más lejos, Las amistades peligrosas se escribió en el siglo XVIII por un hombre, encima militar, y tienen un papel más importante (como que hay más protagonistas femeninos que masculinos), y La regenta de Clarín es una obra de más o menos esa época (creo que se publicó en 1885) en la que la protagonista es una mujer y tiene una pedazo de personalidad.
      Yo me esperaba que el tema de la vida de Cristo estuviera un poco más de fondo, y más cuando a mi madre le gustó y es la persona menos religiosa del mundo, pero de los errores también se aprende.
      ¡Nos leemos!

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