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sábado, 19 de noviembre de 2016

Reseña: La costa más lejana, de Ursula K. LeGuin

El joven Arren, príncipe de Enlad, heredero del trono de Morred, llega a la isla de Roke con malas noticias. No sólo no hay magia en el mundo: una inquieta desazón se ha extendido por los Confines. La gente no encuentra sentido a la vida. Los artesanos y el comercio están arruinándose, las leyes declinan, la esclavitud aumenta. Algo perturba el Equilibrio del mundo.

 Decidido a descubrir el mal que está causando el desequilibrio y amenazando a Terramar, Ged el Archimago se hace a la mar acompañado por el joven Arren y llega eventualmente a «la costa más lejana», la isla de Selidor, donde alguien ha abierto la puerta que lleva de la vida a la muerte. Sólo atravesando el reino de los muertos -descubre Arren-, escalando las Montañas del Dolor, encontrará el Equilibrio, ayudará a restaurarlo, y será capaz de gobernar las vidas de otros hombres.




Ciclo de Terramar:
1. Un mago de Terramar
2. Las tumbas de Atuan
3. La costa más lejana
4. Tehanu
5. Cuentos de Terramar
6. En el otro viento

Ya estaba acostumbrada, más o menos, a que en las historias de Terramar hubiera un mensaje, o al menos un tono, más filosófico que en las novelas de fantasía medias. En este libro, sin embargo, ese trasfondo está mucho más visible, llegando a empañar por completo toda la historia. No era lo que esperaba, pero está claro que LeGuin no suele hacer lo que el lector de fantasía medio se espera. 

El personaje que ofrece el punto de vista es Arren, un joven príncipe que se parece más al arquetipo de héroe al que estamos acostumbrados. Como no podía ser de otra manera, Ged (ahora ya viejo) es su guía y compañero. Volvemos a verle como algo ajeno a lo que no siempre se comprende, y yo creo que eso es algo que añade mucho más encanto al personaje. Aparenta ser transparente, pero siempre parece tener secretos, cosas que no quiere confiarnos.

La relación entre estos dos personajes me ha encantado, aunque es verdad que no es tan tierna que como la que tenía con Tenar ni me ha parecido igual de profunda. Donde Tenar sentía rechazo, Arren solo siente la más profunda devoción, y mientras ella iba confiando cada vez más, él confía cada vez menos hasta que consigue más o menos comprenderlo. Aquí Ged se comporta como un mentor, alguien por encima, mientras que con Tenar era más un igual, alguien que estaba incluso más perdido que ella. Me gusta esta faceta del personaje, ya más viejo y tranquilo, aunque echo de menos la fuerza que tenía en su juventud. 

He felt the Archmage's touch as a thrill of glory. For Arren had fallen in love. 

El mensaje que el libro transmite no es otro que lo inevitable de la muerte y la aceptación de esta, pues un mundo sin muerte es un mundo estático en el que nada crece y nada tiene importancia. A pesar de ser uno de esos mensajes que se ven señalados con letras de neón no me ha molestado en absoluto. Puede que sea porque el narrador no dice nada al respecto y todo es a base de intervenciones de Ged y lecciones que saca Arren. Todo se refuerza con la visión de un Ged débil y en decadencia, que pierde el conocimiento varias veces y se encuentra siempre a merced de Arren, más joven y fuerte. 

El estilo de LeGuin sigue tan bueno como siempre. Con ella hasta leer la lista de la compra es un placer digno de dioses. Este libro, sin embargo, se me ha hecho algo más pesado que los dos anteriores, quizás porque los personajes no han terminado de llegarme o por algún motivo que desconozco. 

Y, casi se me olvida, hay dragones.

Conclusión: 

Lo mejor: Me ha hecho pensar. Mucho.
Lo peor: Se hace algo pesado en ocasiones. 

Nota: 

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