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sábado, 3 de diciembre de 2016

Reseña: El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde


El genial Oscar Wilde (1854-1900) quiso hacer de la belleza un refinamiento de la inteligencia, y para ello creó a uno de sus personajes más famosos: Dorian Gray, un hombre que encarna el mal y su castigo. El retrato de Dorian Gray es una de las piedras angulares en los debates entre la ética y la estética, el bien y el mal, el arte y la vida. Un clásico de la literatura que sigue asombrando a todo tipo de lectores.












Tengo muy buenos recuerdos de este libro, fue el primero que leí en inglés sin haberlo leído antes en español, y la primera vez que lo leí me fascinó. Me encanta ver cómo hay cosas que no cambian. 

La historia no tiene mucha complicación: El pintor Basil Hallward retrata al joven Dorian Gray y este, hechizado por la maestría del cuadro y poseído por un miedo irracional a envejecer y a perder esa belleza, desea que sea este el que el que cambie en su lugar, llegando a ofrecer incluso su alma. A partir de ahí comienza a juntarse con malas compañías y a desdeñar a las personas y sus sentimientos, buscando solo el placer personal, tal y como le enseña su amigo Lord Henry Wotton, sin perder su cara inocente ni su juventud.
 No tiene subtramas ni se centra en otro personaje que no sea el propio Dorian, y, aunque sea un libro corto, todo ocurre con bastante calma. No tiene apenas descripciones, tampoco, casi todo se construye a base de diálogos. 
Pero qué diálogos. 
No sé hasta qué punto se pueden considerar como la voz de los personajes o la del autor expresándose a través de estos. No tienen un mensaje que podríamos calificar de moral, tampoco de lo contrario, no sé siquiera si están pensados para que el lector se los tome en serio. Son muy ingeniosos, me encanta cómo todos los personajes tienen siempre respuesta para todo, y son una forma muy efectiva de mostrar la decadencia moral de Dorian Gray. Si al principio es Lord Henry el que habla de la hipersensibilidad de las mujeres o de cómo el placer propio ha de estar siempre por encima del ajeno, cerca del final es el propio Dorian el que no solo no se escandaliza con tales afirmaciones sino que añade las suyas propias. Además, no es un libro que juzgue lo "bueno" y lo "malo". Sabemos que Dorian hace cosas terribles, pero no sabemos el qué. Vemos cómo Lord Henry se las da de filósofo y le da lecciones para la vida, pero en ninguna parte se juzga lo que dice. El lector tiene libertad para opinar sobre ello, y consigue que sea un libro a la vez con mensaje y sin él, según la mirada de quien lea.

El único personaje que destaca es el protagonista. Me encanta cómo evoluciona, a pesar de las barbaridades que llega a hacer. Incluso cuando está en lo más bajo y lo más hipócrita se llega a sentir, si no comprensión, algo de lástima. El resto están un poco más difusos, solo los más cercanos a Dorian tienen una personalidad reconocible, y aún así parecen más alegorías que personas reales. Lord Henry es el "demonio" que le conduce a la perdición mientras Basil es el bien absoluto que solo desea su bien y lo ama adora ciegamente. 

El estilo está muy cuidado y la voz de los personajes, bastante conseguida. Es un libro en el que dan ganas de subrayar todas y cada una de las frases, y del que leer en voz alta es una delicia. Da gusto leer un producto tan bien hecho. 

Conclusión: Sé que lo volveré a leer una y mil veces. 

Lo mejor: La libertad de tomarse o no en serio las "lecciones morales" que van soltando los personajes
Lo peor: Los personajes femeninos están muy estereotipados

Nota:

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