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domingo, 12 de febrero de 2017

Reseña: La Huella Blanca, de Ana B Nieto


Irlanda celta, siglo V d. C.

Cuando Bróenán decide llevarse a Ciarán, el último niño de una tribu enemiga, quebranta con ello todas las normas humanas y divinas de su pueblo.
Este «niño robado» alcanzará la adolescencia ignorando sus oríge­nes y esperando el momento de casarse con Olwen, su amor desde la infancia. Cuando el secreto por fin se revela, marchará al exilio como pirata y capturará al muchacho que un día será San Patricio.
En su empeño por estar juntos, sin embargo, Ciarán y Olwen desafiarán a sus tribus, sus dioses y sus desti­nos, en una aventura que los llevará hasta las islas de Arán, en los confines del mundo.
Una novela sobre el canto del cisne de un mundo an­tiguo, dominado por las diosas madres, y su difícil en­cuentro con el cristianismo y el Medievo.



1. La huella blanca
2. Los hijos del caballo
3. ¿?

Me leí esto para buscar inspiración para una novela mía. Estoy escribiendo un libro ambientado en un mundo celta y quería ver qué habían hecho otros con una idea parecida. Había visto este libro en la Fnac hace unos años y pensé que me gustaría. 
Bueno, una no siempre elige bien. 

Si hay algo que de verdad está genial es la ambientación. La autora ha sabido muy bien llevarnos a un mundo casi mágico, de druidas y profecías, de dioses antiguos y donde la frontera con los seres del Otromundo es más bien fina. Con solo abrir el libro ya me sentía transportada a Irlanda, a su encanto, y eso tiene mucho mérito. La labor de documentación ha tenido que ser brutal, y eso es algo que se nota mucho.
Sin embargo, esto también tiene un pero. Y es que había muchos fragmentos en los que los personajes soltaban frases en irlandés antiguo. No sería algo negativo si no fuera porque todos los personajes (se supone) están hablando ese idioma. No tiene sentido poner esas frases, puesto que para tener un rigor histórico extremo todos los diálogos deberían estar en irlandés antiguo. 

- (...)Y en cuanto a ese niño, escúchame bien, porque llevará mi maldición hasta el último día de su vida: Ní raib clann ná cenélach, rub dérechtach díbdathnach... Que no tenga descendencia ni parientes, que sea abandonado y extinto.
No tiene sentido que diga la maldición en irlandés y luego la "traduzca" al español. ¿No hablan en ese idioma todo el rato?


El estilo no está mal pero me ha chirriado algunas veces. Hay veces que es demasiado recargado y que empieza a soltar reflexiones o explicaciones que no vienen al caso. Además, hay demasiadas comparaciones. Sí que es verdad que algunas son bonitas y originales, pero en general sobran. Hay cosas que se pueden describir sin tanto barroquismo.

Además, no me gusta cómo cuenta el tiempo, aunque eso a lo mejor es más de mi mente cuadriculada y mi worldbuilding obsesivo. Cuenta años, horas y minutos. En un mundo en el que ni los años se cuentan como en el nuestro ni existen los relojes. A mí me parece que no tiene ningún sentido, pero a lo mejor es algo demasiado personal. Igual ocurre con la distancia. ¿Por qué habla de kilómetros? Estoy segura de que los celtas no pensaban en esos términos. 

Los personajes en general no me han gustado. No me parecen del todo definidos, es como si tuvieran los contornos borrosos. Sí, se ve su función en la historia, y no la hacen del todo mal, pero no he llegado a creérmelos del todo. Ciarán es el protagonista, con lo que es el héroe cuando hace falta, el amante, el adolescente creído, el vengativo... todo en uno. Olwen es el interés amoroso, con lo que es dulce pero fuerte (solo cuando no está Ciarán para salvarla), es fiel hasta el extremo y ve su vida pasar mientras espera a su único y verdadero amor. Una damisela, como cualquier otra. 
El resto son el malo, el rey, el amigo del bueno, el hermano del interés amoroso... Personajes que no parecen tener más que eso. Además, si sumamos a eso el lío de nombres, se añade la confusión de no recordar con exactitud quién era quién, y es que hay veces que ciertos personajes tienen comportamientos tan contradictorios que parecen otros muy distintos. 

Y llegamos a la joya de la corona: el machismo que todo lo impregna. ¿Alguna vez habéis oído que la sociedad celta era más igualitaria que la cristiana, que podría ser incluso matriarcal? Todo mentira, o al menos, según esto. Las mujeres son tratadas como poco menos que mercancías, objetos valiosos. Son consideradas estúpidas, banales y parlanchinas, solo saben luchar entre ellas y solo un hombre puede llenarlas del todo. 

No le dijo a Deidriu a dónde iba, pues, según los sabios, darle un secreto a una mujer era tan malo como darle un tesoro a un esclavo.

[...]

-¿Algún consejo más? -preguntó Ciarán en tono de chanza.
-Pues sí. El más importante. Las mujeres compiten entre ellas. Y, además, hablan todo el tiempo. Si hablamos nosotros se nos cae el cielo encima, pero ellas... A ellas no las calla ni el trueno. Así que, si quieres prosperar, solo tienes que aprovecharte de eso. Si enamoras a varias, la que elijas al final se sentirá como una reina.
-Las mujeres son celosas, Eochaid. No les gusta compartir. Todo el mundo sabe eso -se defendió Ciarán. 
Y como estos tengo cientos. 

Y es que no es solo cómo se trata a las mujeres, también cómo se comportan los personajes femeninos. Olwen espera a su amor toda su vida, hay otra, Étain, que se une a los guerreros solo porque era la amante de uno de ello. Ciarán se puede acostar con todas las mujeres que quiera, puede enamorarlas a todas y ellas siempre le van a esperar como las fieles amantes que son. Tampoco piensa nunca en la que le adoptó como madre, ni una sola vez, a pesar de que ella sí parece preocuparse por él. 
Además, que me he fijado y todo, no hay ni un solo momento en el que dos personajes femeninos (ya da igual de si tienen nombre o no) hablen de otra cosa que no sea un hombre, y hablen de otra forma que no sea compitiendo o discutiendo por celos. No hay amistades entre mujeres, están siempre peleándose por la atención de los hombres. Y es algo que se considera normal. Pero, eh, hay una excepción: la crianza de los hijos, que es algo que todas deseamos y a todas nos une, claro que sí.

Ciarán siempre declinaba todas las ofertas, procurando incomodarles lo menos posible.  Por todo esto, Olwen despertaba numerosas envidias entre las gentes del lugar, que aprovechaban cualquier ocasión para hacerle críticas o excluirla de sus actividades comunitarias. Algunas veces Olwen hacía oídos sordos, pero otras le pesaba estar lejos de los suyos, cada vez más aislada y dependiente de Ciarán. 

Y mejor no hablemos de las escenas de sexo, que hasta yo considero horribles. Se confunde sexo con amor y amor con violación. No voy a explayarme más, solo voy a dejar un fragmento (algo largo) como muestra.

Poco a poco, él le descubrió la boca, los dedos temblorosos por la tensión, y ella se dio la vuelta entre sus brazos, que aún no la habían liberado. Olwen tenía los ojos abiertos como dos pozos de aguas claras a punto de agitarse. Intentó desembarazarse de él, pero Ciarán conseguía sujetarle los miembros, como si fueran los cabos sueltos de una embarcación que dieran latigazos en una tempestad. La redujo por completo y, cuando ella ya no pudo moverse, le dio libertad de nuevo. Olwen volvió a forcejear y le golpeó el pecho con rabia, frustrada porque no conseguía liberarse del todo y, por segunda vez, él se cerró a su alrededor y la abrazó hasta no dejarla apenas respirar. Después relajó los brazos y ella le empujó y salió corriendo. Él la observó marchar, permitió que huyera, calculadamente, hacia el interior del bosque. Que desahogara su odio y su dolor en aquella carrera y lo dejara prendido de las ramas de los árboles. La siguió y pronto le dio alcance, empujándola, cortándole el paso. 
Y se supone que esto no da miedo para nada...

Conclusión: Que lo disfrute quien pueda, yo no.

Lo mejor: La ambientación es casi mágica
Lo peor: No esperaba encontrarme una mirada tan masculina en un libro escrito por una mujer

Nota:

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